Pedir un vermut en España parece algo sencillo. Sin embargo, detrás de esa palabra se esconden
estilos muy distintos según la región en la que nos encontremos.
No sabe igual un vermut elaborado en Reus que uno nacido en Jerez, Galicia o el Somontano
oscense. Cambian los vinos base, las hierbas utilizadas y la forma de entender el aperitivo. Aunque
todos parten de la misma idea —un vino aromatizado con botánicos—, cada zona ha desarrollado
con el tiempo su propia personalidad.
Cataluña, donde empezó casi todo
Si existe un lugar estrechamente ligado a la historia del vermut en España, ese es Reus. Durante
décadas fue uno de los grandes centros de producción del país. Por sus comerciantes pasaban
especias llegadas de medio mundo y muchas acabaron formando parte de recetas que todavía hoy
siguen elaborándose. Marcas como Yzaguirre o Miró son buena prueba de ello. También lo es Dos
Déus, una propuesta más reciente que mantiene viva esa tradición reusense. Los vermuts catalanes
suelen ser aromáticos, con presencia de especias y un amargor agradable que invita a seguir
bebiendo. Quizá por eso el vermut forma parte de la rutina de tanta gente. En Cataluña no se queda
para tomar algo; se queda para hacer el vermut.
Madrid, barra, aceitunas y vermut
La relación de Madrid con el vermut siempre ha sido diferente. Aquí la historia no gira tanto
alrededor de las bodegas como de las tabernas. El vermut se servía de grifo, acompañado de una
tapa sencilla, y era la excusa perfecta para reunirse antes de comer. Hoy siguen conviviendo las
marcas de siempre con otras más recientes como Pichi, El Gato Orgulloso o Dabuti, que han
recuperado esa tradición desde una mirada más actual.
Andalucía y los vinos de Jerez
En Andalucía es difícil separar el vermut de los vinos generosos. Muchas bodegas jerezanas han
encontrado en él una forma más de trabajar con sus vinos. Es el caso de Lustau, cuyos vermuts
conservan buena parte del carácter que ha hecho famosos a los vinos de Jerez. Son elaboraciones
con más cuerpo, donde aparecen notas de frutos secos, especias y recuerdos de crianza que los
hacen fácilmente reconocibles.

Galicia y la frescura atlántica
Galicia lleva años demostrando que el vermut también puede hablar con acento atlántico. Buena
parte de sus elaboradores utilizan variedades locales como Albariño o Treixadura, algo que aporta
frescura y una acidez muy característica. Entre los nombres más conocidos está St. Petroni, que ha
contribuido a popularizar el vermut gallego dentro y fuera de la región. También Lodeiros forma
parte de esta nueva generación de elaboradores que han encontrado un estilo propio.
Aragón y el Somontano
Aunque suele mencionarse menos, Aragón también tiene una interesante tradición vermutera. En
Antillón, una pequeña localidad del Somontano oscense, Bodega Valdovinos elabora un vermut que
refleja muy bien el carácter de esta zona vitivinícola. Son perfiles equilibrados, donde el vino sigue
teniendo mucho protagonismo y las hierbas acompañan sin ocultarlo.

Castilla y León, donde manda el vino
En Castilla y León muchos proyectos de vermut nacen directamente de bodegas.Tiene sentido. En
una región donde el vino forma parte de la cultura local, era cuestión de tiempo que algunos
elaboradores se animaran a dar el paso.Un ejemplo es Biermú, elaborado en el Palacio de Canedo,
en El Bierzo. Aquí suelen encontrarse vermuts más secos y con una base vínica muy marcada.
Una misma costumbre
Las recetas cambian de una región a otra. Cambian las hierbas, los vinos y los estilos.Lo que
permanece es la costumbre.
Da igual si el vermut llega desde Reus, Madrid, Galicia, Jerez o el Somontano. Al final siempre
acaba cumpliendo la misma función: reunir a la gente alrededor de una mesa y hacer que el
aperitivo dure un poco más de la cuenta.















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