
Vermut, Vermú, Vermouth, Wermut… la historia de una palabra que empezó siendo medicina y
terminó siendo un ritual.
Hay palabras que automáticamente te llevan a un lugar. “Vermut” es una de ellas. Basta
escucharla para imaginar un vaso frío, una aceituna, el ruido de un bar lleno y esa
conversación que se alarga más de la cuenta un domingo al mediodía.Y aunque hoy lo
relacionemos con terrazas, aperitivos y tiempo libre, la historia del vermut empezó muy lejos
del Mediterráneo.
Todo comienza con una planta: la artemisa absinthium, más conocida como ajenjo. Una hierba
amarga que durante siglos se utilizó con fines medicinales. En Alemania se llamaba Wermut, y
de ahí nace la palabra que hoy usamos para pedir uno antes de comer. Mucho antes de que
existiera el aperitivo como costumbre, ya se preparaban vinos aromatizados con hierbas, raíces
y especias. Se utilizaban como tónicos digestivos y el ajenjo era uno de los ingredientes más
importantes. Por eso el nombre acabó sobreviviendo al paso del tiempo.
La palabra Wermut viajó desde Alemania hasta Italia, y fue allí donde todo cambió.
En el Piamonte italiano, especialmente en Turín, aquellos vinos medicinales empezaron a
transformarse en algo mucho más refinado. Los italianos suavizaron el amargor con azúcar,
añadieron cítricos y mezclas de hierbas aromáticas, y convirtieron aquella bebida en un
aperitivo elegante y popular. Ahí aparecen nombres históricos como Carpano, considerado el
primer vermut comercializado tal y como lo conocemos hoy, o Cinzano, una de las marcas que
ayudó a expandir el vermut por todo el mundo.
Y también ahí cambia la palabra.
El alemán Wermut pasó al italiano como Vermut o Vermouth, manteniendo su origen ligado al
ajenjo pero adaptándose al idioma italiano. Después Francia adoptó el “Vermouth”, con esa
forma elegante y clásica que todavía aparece en muchas etiquetas.
En España, en cambio, pasó algo más sencillo y más nuestro: la palabra se hizo cotidiana.
Aquí se convirtió en “vermut”. Corto, directo y fácil de decir. Aunque en Cataluña, donde la
cultura del aperitivo tiene muchísimo peso, es muy habitual verlo escrito como “vermú”, una
forma más cercana a la pronunciación popular catalana.
Y al final, lo más curioso es que la palabra dejó de referirse sólo a una bebida.
Porque en España no sólo se bebe vermut. Se queda “a la hora del vermut”. Se “baja al
vermú”. El aperitivo se convierte en excusa y las conversaciones terminan durando más que la
comida.
Quizá por eso el vermut tiene algo especial.
Porque cuesta imaginar que todo esto —las terrazas llenas, las barras, las risas y los domingos
lentos— empezara hace siglos con una planta amarga utilizada como remedio medicinal.
Y sin embargo, aquí estamos.
Convirtiendo el tiempo en algo que se puede beber lentamente

